
Horacio Alfredo Ibarra Britos, nacido en 1956 en Lobería, provincia de Buenos Aires, fue identificado y restituido a su familia por el EAAF. Los familiares realizaron una ceremonia de despedida e inhumaron sus restos en el Cementerio Municipal de Quequén.
El EAAF recuperó cuerpos inhumados sin identidad en el Cementerio Municipal de Escobar en 2010. Luego, la familia se presentó al EAAF para aportar sus muestras de ADN, lo que hizo posible la identificación genética de uno de esos cuerpos. La investigación documental, permitió vincular con ese cuerpo registros dactiloscópicos de diciembre de 1975, tomados en el marco de una causa judicial iniciada a partir de la aparición en la vía pública de dos cuerpos en la zona del Río Luján, que luego fueron enterrados en el cementerio de Escobar. De esta manera pudo establecerse la fecha de fallecimiento y el lugar de hallazgo del cuerpo.

Durante la restitución en Quequén, la familia entregó una carta, cuyos párrafos finales compartimos:
“(….) hace algunos años nos hicimos ADN, dos hermanos varones y una hermana mujer.
Pasó el tiempo, y por fin recibimos una noticia, luego de un gran trabajo de investigación del equipo de antropología.
Habían pasado 50 años de la última vez que vimos a nuestro hermano.
¿La noticia? Tal vez no fue la que esperábamos (todavía manteníamos encendida una luz de esperanza).
Pero a Horacio, “el Ñato”, lo habían asesinado a los pocos meses que se había ido de nuestra ciudad, Quequén, en el año 1975.
La vida no nos ha sido fácil.
¿Es triste? Claro que sí; hoy quedamos 8 hermanos de los 13 que éramos, pero cerramos una etapa, una parte de la historia de nuestras vidas, de búsqueda, esperanza e incertidumbre.
Ahora sabemos qué pasó, que no va a volver, dejamos de buscar, pero sabiendo que encontramos el lugar con su nombre, con sus restos, para dejarle una flor, para estar en paz y, sobre todo, aunque sea de esta manera, poder tenerlo cerca, en el cementerio local.
La búsqueda ha llegado a su fin.
Eternamente agradecidos.
Hermanos Ibarra.”
